Este 16 de enero Paula Pareto cumple 40 años. En la actualidad, combina sus pasiones, deporte y medicina, en el mismísimo Comité Olímpico Internacional. Lleva adelante un emprendimiento gastronómico y echa mano a las redes sociales para compartir con su “tribu”. Y allí también les responde a los comentarios desafortunados.
Paula Pareto está combinando sus pasiones: el deporte y la medicina. El deporte, por ejemplo, está presente cada día en las rutinas que comparte en las redes sociales, incluso antes de las 6 de la mañana; manejándose por la ciudad en bici; o cerca del judo. Y la medicina, en los espacios de los que forma parte en los Comité Olímpico Argentino e Internacional, en Panam Sports, o en “Pareto Gluten Free”. Todos esos frentes y circunstancias se cruzan, se retroalimentan.
Así encuentran los 40 años a Paula Pareto, La Peque, la primera campeona olímpica mujer de Argentina. Nació el 16 de enero de 1986 y su palmarés es enorme. Pero su presente es otro, en una faceta que descubrió hace poco, a la que sin duda fue dándole forma a lo largo de su vida; “decantó”, dirá.
Tiene un rato para charlar con DIB, un domingo a la mañana. Pero en la agenda hay otros compromisos a partir del mediodía. “Es mi forma de ser. Siempre digo: ‘Estoy cansada pero feliz de poder hacer todo lo que me gusta’; así ando”.
Deporte, medicina, solidaridad
Como miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), Pareto escribió desde Suiza en noviembre: “Semana de escapadita para trabajar en el mejor lugar donde mis pasiones podían coincidir: deporte, medicina, solidaridad”.
Y en la charla con DIB, explica: “Por un lado, deporte y medicina. La medicina del deporte es lo que me gusta, y hoy estoy en la Comisión de Salud, Medicina y Ciencia del COI y en la Comisión Médica de Panam Sports [la organización que nuclea al deporte panamericano]. Pero en el COI también estoy en la Comisión de Solidaridad Olímpica, que es una rama que se me empezó a abrir en el poscompetencia. Me gusta ser parte: más allá de que siempre lo fui de mi bandera, me gusta ser embajadora de los valores olímpicos, de todo que promueve el olimpismo. Entonces, descubrí esta otra faceta que se dio y que hace que combine las cosas que siempre me encantaron”.
En la Medicina, Pareto siempre se enfocó en el deporte: traumatología primero, posgrado en Medicina Deportiva después. Pero dudaba sobre sus posibilidades de combinar pasiones como médica deportóloga. “Es difícil: es difícil viajar como delegación, más difícil es viajar con un médico. Laura [Martinel, su entrenadora] siempre dice: ‘Paula viajaba con médico porque era su propio médico’. Por eso, no era la idea con la que empecé a estudiar, pero es lo que les digo a los chicos: lo que pasa en la competencia es la decantación de lo que hiciste en el día a día. Y creo que lo que me está pasando a nivel COI, a nivel Panam Sports y a nivel social, es la decantación de todo lo que fui haciendo. No lo busqué, me sorprende para bien. Decantó en esto, es un sueño”.
En la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Tokio, Pareto protagonizó uno de los momentos más emotivos. Fue una de las encargadas de ingresar con la bandera olímpica en el reconocimiento a los “atletas que tuvieron un papel clave en la respuesta contra la pandemia del coronavirus”. Es que ella, como médica, estuvo en el frente de batalla.
“Fue como el primer approach”, le dice a DIB, consultada sobre ese inicial cruce de pasiones. “Quienes entramos con la bandera éramos representantes de cada continente, todos personal de salud. La pandemia tuvo un montón de cosas malas, pero una de las buenas para mí, tal vez, haya sido haberme hecho más visible en el movimiento olímpico. El haber llevado esa bandera, creo, ha tenido que ver después en mi incorporación como miembro COI. Haciendo un poco de mirada retrospectiva, fue muy importante, sumó para que esté donde estoy”.
A propósito, en 2024 fue elegida miembro COI, forma parte del máximo órgano de decisión y gobierno: son solo 106 integrantes de todo el mundo, y de Argentina están ella y el ahora excanciller Gerardo Werthein. ¿Es mucho eso? “Parece que sí”, responde con una sonrisa. “La verdad, lo empecé a descubrir cuando me llegó la propuesta, no tenía mucha idea; me tuve que poner a estudiarlo”.
Ya en funciones, “es un montón”, admite ahora. “Es un lugar tanto de privilegio como de responsabilidad. Así como siempre digo que los deportistas somos embajadores de nuestra cultura, de nuestros colores, como miembro COI también se es embajador de los valores olímpicos, y es una gran responsabilidad”.
Este año se cumplen cinco años de su última competencia, los Juegos de Tokio. “Uno piensa que se retira y ya se olvida. Pero no, y me encanta poder seguir siendo parte de este movimiento olímpico que ahora estoy descubriendo desde otro lugar”.
Allí interactúan esas pasiones. “Estoy por mi experiencia como atleta, porque no podría estar en un lugar que es todo deportivo sin haber hecho antes una carrera deportiva. Pero, quiera o no, no puedo separar una cosa de la otra: opino desde el lado del deportista pero con un aval médico. Tantos años en un tatami o en el mundo olímpico me dan ese conocimiento, inconsciente si se quiere, y esa opinión, también inconsciente, que es la de un deportista formado en la medicina”.
La voz de los atletas
Pareto también es ahora presidenta de la Comisión de Atletas y vicepresidenta segunda del Comité Olímpico Argentino. Su función como presidenta de esa comisión es “ser la voz a nivel dirigencial de los atletas. Es un poco la responsabilidad que se va asumiendo a partir de ser una cara visible, es sacarle provecho a la exposición”.
Sobre este rol, “intentamos generar una comunicación, viendo al atleta como los atletas que fuimos en su momento y las necesidades que se tienen. Hoy tenemos la voz un poco más firme y podemos ayudarlos”.
A propósito de la formación, fue hasta diciembre técnica de la categoría Sub 18 de judo, en el marco también del Programa de Desarrollo al Alto Rendimiento (DAR) del Enard. “Me gusta colaborar con los chicos, con los que vienen. Y al igual que con la Comisión de Atletas, me gusta ayudar y hacer que no tengan las mismas necesidades que tuvimos nosotros. Y en cuanto al judo en particular, está también lo técnico-táctico: así como a mí me hicieron aportes mis referentes deportivos, hoy ser ese referente y aportar a su arsenal me resulta genial. Y de nuevo: es también dar un poco de lo que el deporte me dio”.
Esfuerzo sí, sacrificio no
Pareto fue descubriendo distintas facetas desde que le puso un punto final a su carrera deportiva. Es posible que las exigencias del alto rendimiento la hayan privado de experimentar antes esos otros espacios. “Es parte del esfuerzo que hacía y valía la pena”, opina.
En este punto, diferencia “esfuerzo” de “sacrificio”. “El sacrificio es lo que uno hace sin ganas, porque no le queda otra. En cambio el esfuerzo, si bien cuesta un montón, se hace con ganas y vocación. A veces se vuelve difícil levantarse a la mañana, entrenar, estudiar y hacer un montón de cosas, pero ese esfuerzo que yo siempre hice y sigo haciendo, lo hago con pasión, y estoy agradecida. Porque tal vez haya gente que tiene un objetivo, pero por más esfuerzo que haga, no tiene los medios, o no está en el entorno adecuado. Soy una agradecida de haber nacido en un entorno que me permitió hacer lo que mis pasiones me mandaban y permitían. Por eso lo hacía con muchas ganas, feliz y agradecida”.
Entonces, agradece la pregunta sobre el “esfuerzo”, y no sobre el “sacrificio”. “Muchas veces me preguntan por mi ‘sacrificio’, y los corrijo: ‘No, no, no: esfuerzo’. Cuando sentía que estaba por morirme y seguía entrenando: sí, es un esfuerzo, pero lo valía. Las horas de estudio, de entrenamiento; los tiempos de no poder estar en distintas situaciones, desde cumpleaños familiares hasta situaciones malas, feas, de tener que dar un abrazo y no estar… Todo ese esfuerzo es el que yo también volcaba a la hora de la competencia y era lo que me daba la fuerza para salir a matar o morir, en el buen sentido, claro”.
Emprendedora
“Pareto Café” y “Pareto Gluten Free” son los emprendimientos a los que, se ve en las redes sociales, también les pone el hombro y la cabeza. “Si uno no está, no se puede, creo yo. Obviamente se puede delegar y hay un equipo atrás, pero tenés que estar porque no podés dejar a tu equipo en banda”.
Ahora al frente de “Pareto Café” está su hermana, Estefanía. Entonces, La Peque se dedica de lleno al nuevo “Pareto Gluten Free”.
“Era un lugar necesario. Y poder usar la cara o la exposición pública para algo útil, me gusta. Hay mucha gente que no tiene la posibilidad de sentarse a comer y disfrutar un lindo momento con amigos porque tiene una patología, y no está bueno. Entonces, de nuevo a esto de relacionar mi parte médica, porque es una patología, no se elige. Que alguien tenga la misma posibilidad que cualquier otra persona de ir y disfrutar un lindo momento… Por eso, era necesario”.
Y reaparece aquella idea de “la exposición pública para algo útil”. “Porque esa es otra: muchos vienen a comer porque se quieren sacar la foto. Bueno, que de paso se lleven como enseñanza que la comida libre de gluten no es fea, que puedan ir a otros lugares con sus amigos y disfrutarlo”.
En redes, a Pareto se la ve, por ejemplo, encargándose de las compras en los mayoristas. “Soy un cargador andante”, se ríe. “Somos emprendedores, quieras o no, hay que poner el hombro. Y vuelvo sobre lo mismo: cuanto más esfuerzo se hace, después más se disfruta. Cuando llega la devolución linda de alguien que pudo sentarse a comer algo, sin los miedos que tiene cualquier celíaco, decís: ‘Bueno, ahí está, valió la pena’. Lo mismo que cuando lograba una medalla: más esfuerzo, más se festeja después”.
“No estás solo amigo”
Los “temas” que repasa esta charla están publicados en la cuenta de Instagram de Pareto. “Es lo que hago todos los días y hoy se comparte todo”, argumenta ante DIB. Y va la reflexión: “Está bueno compartir. Hay muchos como uno que se levantan a las 5, que se tienen que ir a trabajar, que se mojan todo… Y para mí es como un: ‘No estás solo amigo, somos varios’. Porque me ha pasado de decir: ‘Uy, me toca a mí, tengo que hacer esto’, y no, somos un montón. Y son un montón que tal vez no se ven, que no tienen exposición, pero lo hacen. Así como está el médico que va al hospital, está el que va al puerto a levantar bolsas, el artesano, el ingeniero… Y estamos todos en la misma desde nuestro lado haciendo el esfuerzo, quemándonos los dedos… Yo me meto en la cámara frigorífica, cada vez que salgo tengo que poner los dedos en el motor porque se me congelan, los tengo todos pelados. Pero porque es parte de mi trabajo, y seguro que hay otros a los que les pasa lo mismo. Que sepan que no están solos. Por eso lo comparto, porque aparte te sentís acompañada, todos responden: ‘Uy, sí, me levanté temprano, me levanté bajón…’. Es la comunidad. Somos como una tribu, todos para el mismo lado, es darse fuerza mutuamente”.
Algunos de los contenidos que comparte Pareto son sus viajes en colectivo o tren. “Más de uno me dice: ‘¿No tenés auto?’ Sí, pero viajando en tren o bondi tardo lo mismo, menos estrés, voy trabajando con el celular o leyendo un libro; gano mucho y no pierdo nada subiéndome a un colectivo. Mi mamá siempre dice: ‘Vas en Mercedes Benz con chofer’. Todo depende del lado que uno lo vea. Es eso, poder agradecer poder tomarse el colectivo e ir a trabajar, tener un trabajo adonde llegar. Siempre depende del prisma con que se lo vea”.
“Una locura linda”
Así como están las rutinas matinales de ejercicios, también es una rutina subirlas a su cuenta. Pareto arranca sus días a las 5 y pico, 6 de la mañana, y un poco más tarde comparte los videos. “Hay mucha gente que hace lo mismo y tal vez no lo publica porque piensa: ‘Estoy reloca’. Sí, bueno, qué sé yo: es una locura linda, si querés. Es ir a entrenar, tampoco le hacés mal a nadie”.
Y cuenta de algunas situaciones que compartió en la red social. “Uno piensa que está solo pero no, no soy la única loca que va y pide que abran al gimnasio a las 5. Pero cuando hago eso es porque me dijeron que abrían; si me dicen que está cerrado, lo respeto. Y me escriben un montón de seguidores que están en la misma: ‘No estás solo, somos varios’”.
De paso, aprovecha y derriba una excusa fácil: “‘Si viajo, no puedo entrenar’. No, siempre podés hacer lo que quieras. Tal vez no puedas ir al gimnasio o manejar las fuerzas o pesos que manejás habitualmente, pero si te podés mover… Yo siempre decía en pandemia: ‘Es dar el 100% de lo que el entorno te permite’. ‘Ya está: no voy a levantar 200 kilos, pero me voy a mover 20 minutos. Antes que 0, es mejor’. Es lo que intento transmitir, es mi mentalidad, mi estilo de vida”.
“Pobrecita, se está desfigurando”
Días atrás Pareto compartió mensajes que recibe en Instagram: “Los que me alegran el alma y los que duelen. Todos en un mismo posteo”. Las imágenes que publicó son capturas de pantalla de comentarios o de mensajes privados.
Muchos de los mensajes hacen foco en su cuerpo. Y le cuenta a DIB: “Así como lo que pasa en una competencia va a ser decantación de lo que hagas en el día a día… O yendo al ámbito laboral, lo que hagas un día de trabajo va a ser decantación de lo que hayas trabajado en los días previos, el cuerpo también es decantación de lo que se hace en el día a día y del objetivo que se tiene. Puede ser que no estés del todo contento, pero si te sentís bien, listo, es lo que hay, hay que aceptar las cosas. No digo: ‘Uy, me encanta mi cuerpo’, no, pero me encanta sentirme bien cuando termino de entrenar”.
Entonces, recuerda: “Cuando competía, estaba totalmente hipertrofiada, toda grandota. Pero lo aceptaba porque era parte del proceso para rendir al 100%. Y hoy es lo mismo. Igual me resulta gracioso porque hay gente que dice: ‘Uy, qué hermoso cuerpo’, y otra: ‘Mmm, parece un hombre’, o ‘pobrecita, se está desfigurando’. Muchas veces no son comentarios con maldad, y ahí es cuando pienso: ‘No es en contra de, es a partir de las experiencias que ha tenido cada uno y de las visiones’”.
Para Pareto, “la cosa es que no te haga mal”. Y explica un poco desde su recorrido. “Al principio, te choca. Aunque cuando lo analizás: ‘Ya está, no es con maldad, es parte de un todo, de lo que el día a día hace que uno sea’”. Pero decide compartirlo, hacerlo público, darle entidad: “Porque sé que hay gente a la que sí le afecta, y mucho. No está bueno que te afecte una opinión de otro. Pero lo que siempre digo es: ‘Si estás feliz con vos mismo, ya está’. Eso sí, lo aprendí a modo de golpe, no me voy a hacer la canchera”.
Antes no había redes, “pero lo viví”, explica. “Lo vivía cuando salía. Mis amigas me decían: ‘No seas boba, tenés lindos hombros’. Pero yo, siempre con los hombros tapados, no me gustaba. Salidas, cumpleaños de 15… Siempre con camperita. No había redes, pero venía la gente y si yo estaba con musculosa, me agarraban: ‘Eh, ¡qué músculos!’. Y no me lo decían con maldad, pero yo: ‘Ay, no me digas eso’. Mis amigas o amigos me decían: ‘Todos quisieran tener ese cuerpo’. Sí, pero me chocaba cuando me lo decían. Entonces, para que no le pase eso a otra gente, que seguro le pasa, me gusta poder exponerlo y que se sepa que a muchos nos ha pasado y mi forma de superarlo, que no haga mal, es procesarlo y saber que muchas veces el otro no lo dice con maldad. Y ahora cuando estoy con musculosa y me dicen: ‘Qué músculos’. ‘Sí, sí, andá’. Pero en su momento me costaba”.
